En algún momento de la sesión le pedí a mi asistente que cambiara la tarjeta de memoria por una nueva, distraído y apenas consciente, percibí como Pedro retiraba e insertaba una nueva memoria sin siquiera apagar la camara, mucho menos formatearla. Dijo que no habría problema y continué disparando. Noté un alentamiento en el buffer pero las imágenes aparecían perfectas en la pantalla de mi 7D. Al llegar a casa e intentar editar las imágenes me di cuenta de que la memoria había fallado y prácticamente todas las imágenes estaban corruptas. Intenté por muchos medios extraer las imágenes sin daño pero resultó imposible. Tras casi siete años he revisitado esa memoria corrupta para re-interpretar, editar y explorar ese paradójico error fotográfico, el que se debe a la tecnología en si, y no a una mala lectura o a una pobre técnica fotográfica. El resultado es una serie de imágenes que investigan lo corrupto y lo impoluto, lo digno y lo indecible; una sobre-exposición de siete años de archivos digitales altamente inestables: como mi naturaleza íntima.